lunes, 20 de agosto de 2018

La historia de un incesto paso a paso

  • La historia de un incesto paso a paso
Marta Quéliz
martha.queliz@hotmail.com
Santo Domingo
“Caía la tarde de un día de septiembre del año 2005. Yo acababa de cumplir 11 años. Recuerdo que esperaba a mi mamá, que llegaba los viernes como a las 7:00 de la noche de su trabajo en una casa de familia. Ese hombre me llamó y me pidió que le llevara agua a la habitación. Entré y me dijo: ‘Cierra bien la puerta’. No me asusté. Él era mi papá”, contiene el llanto Adriana, una joven de 24 años que de esta forma comienza a contar paso a paso la historia de incesto de que fue víctima por alrededor de nueve años.
“Cuando le pasé el vaso, me haló por la mano y me dijo: ‘¿De quién son esos senitos tan lindos que tienes?’ Era una niña, pero no lo podía creer. Solo yo decía: no, no, no... Me quitó la blusa e inició su asquerosa acción. Yo lloraba y él me decía: ‘¿No te gustó?, ¿no te gustó?’. Dios, ahí comenzó mi vida a ser un infierno”, cuenta entre sollozos, quien hoy es ya una psicóloga.
El llanto no detiene su intención de ‘desnudar su alma’ contando su historia para ‘vestir de prevención’ a tantas niñas vulnerables de convertirse en una víctima de incesto por parte de su padre o de algún miembro de su familia.
“Lloré hasta que se me consumieron las lágrimas. Mi hermanita de solo cinco años me preguntaba qué me pasaba. La miraba con pena por el monstruo que nos había tocado como padre. Él sí sabía que mi mamá no llegaría porque tenía que quedarse a trabajar ese fin de semana.
Así que pensé: bueno tengo que proteger a mi hermanita, y no me separé de ella ni un instante”, relata Adriana haciendo énfasis en que su miedo era que le hiciera lo mismo a la niña.
Es valiente. Sigue contando con crudeza cómo tuvo que prepararle cena a quien llama “esa bestia”. “Recuerdo que le hice pan con chocolate.
Se lo puse en el trapo de mesa que teníamos, y me obligó a que se lo llevara a la cama. Fui con mi hermanita y se dio cuenta que lo hice para protegerme y protegerla. De inmediato me gritó: ‘¿Qué te pasa a ti?, ¿crees que por la niña no te vas a acostar conmigo de nuevo? Te equivocaste.
Duérmela o si no la atiendo a ella’.
Se me enfrió el alma. Por suerte llegó un primo a dormir a la casa”, comenta con un suspiro como si viviera de nuevo aquella pesadilla.